domingo, 8 de mayo de 2011

domingo, 1 de mayo de 2011

Bésame, gitano

Mientras frente al mostrador de Air Europa va formándose una estúpida fila de españoles esperando para embarcar (en 30 minutos), me siento en las sillas. Saco el trío de Bartók y lo hojeo tratando de recordar. Mañana hay reencuentro sorpresa con el trío, a ver qué pasa.

Reparo en una cría que come pipas con avidez cerca de mi asiento.

Luce unas deportivas rosa chicle, calcetines negros a topos colocados estratégicamente por encima de unos legging de chandal azules, camiseta rosa cubierta por una chaqueta estampada con la marca Nike (en dorado brillante) en toda su extensión, así como 5 piercings en diversas partes de la cara. Una cara con más maquillaje que el que ha podido llevar mi abuela en toda su vida (que es distribuidora de AVON).

Mientras mueve sensualmente sus hombros y canturrea 'bésame, gitano, bésame', me mira, y dando una tregua a las pipas, exclama:

- ¡Tú! (a su abuelo) Mira ese, ¡qué raro!

- Raro, hombre, no...

- Hombre, pues si yo también apruebo música, ¡pero no estudio!

jueves, 21 de abril de 2011

Preceptos desatendidos

Totalmente hacia la izquierda. Centrado. Derecha, derecha. Totalmente hacia la izquierda de nuevo. No, centrado, ligeramente hacia la izquierda, un poco más, más, más, ¡DERECHA!

Sólo entonces, cuando has olvidado las coordenadas para regular el agua caliente de la ducha, te das cuenta de cuánto tiempo llevas fuera de casa.

lunes, 11 de abril de 2011

Pastoral

Colgado el cielo azul y límpido. El prado verde y fresco como el edén. Montañas al fondo. En el centro el hogar. La casa. Rural. De siempre. Con la textura de las fotos antiguas. Su Granulado. Más larga que ancha. Rojo el tejado. Blancas las paredes. Rugosa. Pero arroyo tartas humeantes mermelada pájaros hierba pavo asado panal de abeja manta vela perro flor cobijo elefante a b c d e.

Por la lente espía el paciente en la consulta del oftalmólogo.

lunes, 4 de abril de 2011

Mecánica estacional

Me dijeron: 'La primavera' y no les creí.
Esa misma mañana desperté en casa del conde.

viernes, 1 de abril de 2011

Mil cretins - Quim Monzó


     A algunas personas les gusta viajar en autobús. Dicen que así tienen tiempo para pensar. Yo por mi parte prefiero pensar desde la comodidad de mi cama pero allá cada cual. Aún así (en esa incomodidad desproporcionada) a veces se le presenta a uno la oportunidad de conocerse mejor (o introspectar, que dirían algunos modernos aburridos).
     Se suele decir que la realidad supera a la ficción, pero mucho me temo que lo que en ocasiones llamamos ficción no es otra cosa que la vida misma. Es el caso de los relatos de "Mil Cretins" que te caen encima como un cubo de agua y sorprenden por su credibilidad aberrante.  Admitámoslo: esas historias nos ocurren a todos nosotros y no como relatos breves extravagantes, sino como el pan (duro) de cada día. Somos testigos y a veces protagonistas de la miseria humana  a muchos niveles: la represión, el egoísmo, la estupidez, la testarudez, los prejuicios, las convenciones sociales, la soledad, la teatralidad familiar, las ironías de la vida, la vejez, la muerte... 
     Lo peculiar del asunto es darse cuenta de que todos contribuímos día a día con nuestro granito a de arena a esa miseria ajena con nuestra carga cretinicia (que en algunos casos es muy importante). Por eso, está en la mano de cretinos doctos como Quim Monzó servirnos la realidad en bandeja para la búsqueda del equilibrio. Y es que esta clase de relatos son esencialmente libros de autoayuda, pero planteados desde la óptica de los que batallan contra optimismo barato que nos acecha. No obstante ¡no nos asustemos! El libro no predica el apocalípsis de la sociedad y ni siquiera es pesimista si uno se esfuerza un poco. Es una visión satírica y resignada (aunque dura) de lo que nos rodea; como una de esas películas catastrofistas de Woody Allen con el jazz más ingenuo por Banda sonora.   
 
 'Tonto el que no lea'.   

lunes, 21 de marzo de 2011

Manifiesto sin (buenas) pretensiones

                   Hoy he descubierto que los cuchillos de untar no son inofensivos; pueden cortar (y mucho). Así, he comenzado el día correctamente (en términos académicos): sangrado y sangrando. Lo explico para tranquilizar a algunos, especialmente a esos prelicenciados impertinentes que me acusan de falta de coherencia. Esos mismos que alardean (orgullosos) de que el lenguaje purista está muerto. A ellos hago saber que, solitario como pocos, el párrafo exhibe su pseudograndeza faraónica frente a la expresión aforística de la lucidez. No sólo se opone, aquí y en la China Popular, a la individualidad y la extroversión natural de las palabras, sino que se rebela contra la verdad sin rodeos, el slogan y las luces de neón. Es la inhibición de la efervescencia y la represión del vómito. El párrafo es la expresión de aquellos que anteponen las propiedades del texto a las propiedades del ego. Lo wagneriano contra la weberniano, las greguerías frente a la macronovela. ¿Y me acusan de falta de coherencia quienes fanfarronean de la novedad twitteriana, alegando su comunicación directa con el mundo? (siempre tan importante en esta era de la comunicación) ¿Me acusan quienes idolatran a músicos descamisados en un campo de fútbol? ¿Quienes inculpan a la religión de los males del mundo mientras veneran la Mare de Déu de Lorito? ¿De verdad me intentan poner en evidencia quienes representan su propia miseria etílica en musicales de poca monta? Pues yo soy el Príncipe Ígor y me rebelo contra el quinto poder: a la mierda la coherencia.


A mi buen amigo Luis.